Por el arco del triunfo

Los eufemismos son sin duda uno de los grandes protagonistas hoy en nuestra lengua. Ahora, gracias al «Diccionario avanzado» de Enclave RAE, es posible encontrar los que recoge el diccionario académico. Aquí seleccionamos algunos de los mejores.

Pompis

Son muchas las expresiones eufemísticas que hacen referencia a las nalgas (trasero, cola en Argentina, Colombia, República Dominicana y Uruguay, funene en Honduras, fandango en El Salvador, botamay en Nicaragua…). De entre todas ellas, destaca por su sonoridad pompis:

«—Lali, jolines, te me vas a llenar el pompis de cardenales —dice Sole» (Juan Marsé, La muchacha de las bragas de oro).

Y no menos sonora es sisiflís, otra de las formas usadas para referirse a esta parte del cuerpo en Honduras.

Pasarse algo por el arco del triunfo

Aunque se podría discutir sobre cuál es el origen de la expresión pasarse algo por el arco del triunfo, su expresividad está clara a pesar de su naturaleza eufemística. Uno de los primeros ejemplos documentados en los corpus académicos es este de Ramón Ayerra de 1984:

«—Este es mi despacho, y soy el jefe.
—No le da derecho a guarrearnos de este modo.
—El derecho me lo paso yo por el arco del triunfo.
—Ya lo veo, ya».

Mecachis, córcholis…   

La terminación en -is que ya hemos visto en pompis es un recurso común en la creación de eufemismos y expresiones coloquiales y familiares (como en ostris o mosquis). Dos buenos ejemplos de estos eufemismos son mecachis y córcholis, que ya usaban Emilia Pardo Bazán o Benito Pérez Galdós en el siglo XIX:

«Mucho será que hoy no tengamos la convulsión y la llorerita... ¡Mecachis en los que vienen ahí a alborotar a la gente!» (Emilia Pardo Bazán, La madre naturaleza).                 

«¿Y para qué servía la matemática? Felipe alargaba el hocico husmeando el aire... ¡Vaya con Dios!, ¿para qué ha de servir, re-contra-córcholis, sino para saber todo lo que se sabe?» (Benito Pérez Galdós, El doctor Centeno).

A la eme

Junto al pompis, otra de las estrellas del mundo del eufemismo es la m… Se la conoce comúnmente como caca, pero se puede hacer referencia a ella de otras maneras, como por medio de una palabra de forma similar, pero de distinto significado, como es miércoles (en un fenómeno que se ha denominado homonimia parasitaria), o simplemente por su inicial, como en una eme o a la eme:

«¡A la eme la ralea toda de los Erre, y con ellos, de paso, doña Candy!» (Francisco Ayala, El fondo del vaso).

Ya en 1823 Leandro Fernández de Moratín parecía usar la m con ese sentido en una carta a Manuel García de la Prada:

«Y luego preguntan con una estúpida admiración a manera de quien acusa ¿por qué no escribe comedias el Sor Moratín? Si alguno le hace a V. semejante pregunta hágame V. el gusto de echarle a la m... y dígale V. que es por encargo mío».

Donde no hay lugar a la duda es en este diálogo de Desde la última vuelta del camino, de Pío Baroja:

«—¿Tiene usted tal libro? —le dijo.
—No, señora.
—¿Y tal otro?
—No, señora.
—¿Y el de más allá?
—No, señora.
—¿Y...?

Dafauce no la dejó terminar, y con acento desdeñoso, dijo:

—Señora, vaya usted a la m…».

Pío Baroja en su casa (fotografía de José Assás)

Gilipuertas

Hay distintas teorías sobre el origen de gili-. Una teoría es que tiene que ver con gilí ‘tonto, lelo’ (procedente del caló). Sea como sea, esta forma da lugar a insultos muy variados, como gilipoll…, gilitonto, gilipichis, giliflautas, giligaitas o el propio gilipuertas, que no deja de ser un insulto, pero es algo más suave:

«Que no me gusta que sea usted tan gilipuertas, hombre…» (Antonio Gala, Los buenos días perdidos).

Jo, jolín, jolines, joroba, jopé

Otro nutrido grupo de eufemismos es el de los empleados para evitar la palabra jod Entre otros, el español cuenta con joroba, jopé y jo, jolín, jolines (sobre su origen, véase el discurso de ingreso en la RAE de Federico Corriente), o incluso jopelines:

«De ahí que Miguel Rosselló fuese víctima de bromas innumerables por haber sido sorprendido limpiándose los dientes. “¡Dentífrico y todo! ¡Jolín con el marqués!”. El cepillo de dientes era para aquellos hombres el símbolo de la buena mesa y de lo sedentario» (José María Gironella, Un millón de muertos).

El afán de evitar cualquier secuencia similar a jod… puede explicar por qué en algunas ediciones del diccionario académico del siglo XVIII se recomendaba sustituir la conjunción o por u delante de una palabra con d- inicial:

«El Theatro de la vida humana, las Polyantheas, y otros muchos libros, donde la erudición está acinada y dispuesta con orden alphabético, o apuntada con copiosos índices, son fuentes públicas de donde pueden beber, no solo los hombres, mas también las bestias. Qualquier assumpto que se emprehenda, se puede llevar arrastrando a cada passo a un lugar común, u de política, u de moralidad, u de humanidad, u de historia». (Benito Jerónimo Feijoo, Teatro crítico universal).

Información sobre la conjunción u en su entrada de la edición de 1783 del diccionario académico

Y el diccionario esconde muchos otros eufemismos, como carape o caramba. Para encontrarlos, puede seleccionar la categoría «eufemístico» dentro de la faceta «Valoración» en el «Diccionario avanzado» de Enclave RAE.

Fuentes de ejemplos:

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Banco de datos (CORDE) [en línea]. Corpus diacrónico del español.

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Banco de datos (CREA) [en línea]. Corpus de referencia del español actual.

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