El abuelo de los diccionarios: el «Diccionario de autoridades»

Un feliz 14 de abril de 1724, D. Fernando de Luján Sylva, marqués de Almodóbar, mayordomo del Rey nuestro señor, y de su Consejo en el Real y Supremo de Indias, daba su aprobación por escrito a la Academia para la publicación del primer trabajo de esta: el «Diccionario de la lengua castellana, en que se explica el verdadero sentido de las voces, su naturaleza y calidad, con las phrases o modos de hablar, los proverbios o refranes, y otras cosas convenientes al uso de la lengua», conocido como el Diccionario de autoridades, que años más tarde, despojado de los ejemplos y sometido a sucesivas actualizaciones, constituiría la base de las distintas ediciones del diccionario usual de la Real Academia Española, deudoras, por tanto, del trabajo de aquellos primeros académicos.

Previamente, los académicos habían escrito al rey Felipe V este bellísimo texto de presentación del trabajo y agradecimiento, con el que además dejaban constancia de la razón por la cual la Academia Española es la única «real» de cuantas academias existen, pues contaba (entonces como ahora) con el apoyo incondicional de la monarquía española:

SEÑOR. EL deséo de corresponder la Académia Españóla à los soberanos favores que continuamente experimenta de V. M. ha sido tan vivo, que se consideraba delinqüente cada instante que retardaba tributar ofrenda lo mismo que fué dádiva. Premió V. M. sus desvélos distinguiendose de muchos Monarchas: pues quantos fueron dignamente celebrados por mercedes concedidas à servícios yá executados, se hallan excedidos de V. M. que previno à las informes taréas de la Académia anticipadas liberalidades. Oprimida su obligación con el peso de tan repetidas honras, ha solicitado (con la brevedád possible) respirar agradecida; bien que con voz no formada, pues solas son dos letras las que ofrece por ahóra à los Reales piés de V. M. para que lograda en ellos su mayor perfección, puedan salir airosas à la luz pública. Justo es, Señor, que las obras reconozcan su dueño, que los frutos se presenten à su Autór, y que à lo soberano rinda la lealtad en obséquios el mas pronto y resignado vassallage. De V. M. es quanto la Académia emprende, pues debe à su Real soberanía la protección de sus alientos, y à su generosidád el logro de sus fatígas. Todo lo que puede contribuír al esplendór de la Nación Españóla trahe de V. M. el influxo, como de quien deséa el mayor lustre de sus vassallos: por lo qual, sin elección ni arbítrio, busca este Diccionário de justícia à V. M. para que defendido de su Real sombra, no pueda tener contra él la censúra respiración que no sea aplauso.

Se construye por tanto esta obra pensando que una lengua necesita contar con una norma culta sustentada en el uso de los mejores escritores (aquellos que, como se advierte en el prólogo, a juicio de la Academia «han tratado la Lengua Española con la mayor propriedad y elegancia: conociéndose por ellos su buen juicio, claridad y proporción, con cuyas autoridades están afianzadas las voces», si bien se puntualiza que «no por esta razón se dexan de citar otros [autores], para comprobar la naturaleza de la voz, porque se halla en Autor nacional, sin que en estas voces sea su intento calificar la autoridad por precisión del uso, sino por afianzar la voz»).

Para ello se despojaron de ejemplos una serie de obras del pasado, literarias y no literarias. De este modo, sin hallarnos todavía ante un diccionario histórico (del tipo de los que nacerían en la centuria siguiente), el Diccionario de autoridades se presenta como el primer repertorio lexicográfico del español con testimonios de diferentes etapas de su historia.

En el dicho prólogo, los académicos hablan así de nuestra lengua: «El principal fin, que tuvo la Real Académia Españóla para su formación, fué hacer un Diccionario copioso y exacto, en que se viesse la grandéza y poder de la Léngua, la hermosúra y fecundidád de sus voces, y que ninguna otra la excede en elegáncia, phrases, y pureza: siendo capáz de expressarse en ella con la mayor energía todo lo que se pudiere hacer con las Lenguas mas principales, en que han florecido las Ciéncias y Artes: pues entre las Lénguas vivas es la Españóla, sin la menor duda, una de las mas compendiosas y expressívas, como se reconoce en los Poétas Cómicos y Lyricos, à cuya viveza no ha podido llegar Nación alguna».

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